Cómo enseñar a los niños a hacer un presupuesto

Un presupuesto es un plan para el dinero antes de gastarlo. Estos cinco pasos permiten practicar desde los primeros tarros hasta el primer sueldo.

«Hacer un presupuesto» suena a cosa de adultos, pero la idea es sencilla: decidir qué hará tu dinero antes de gastarlo. Elegir de antemano permite comparar necesidades, gustos y metas en lugar de descubrir al final que ya no queda nada.

Paso 1: dos tarros hacia los 5 años (Gastar y Ahorrar)

Como primer ejemplo, reparte el 70% para Gastar y el 30% para Ahorrar. Deja los dos tarros visibles y haced el reparto al recibir la paga, antes de comprar nada. Explica que lo disponible para gustos es la cantidad de Gastar y que Ahorrar tiene una finalidad distinta. Si el tarro Gastar se vacía, revisad qué pasó y cuándo llega la siguiente paga. El porcentaje se puede adaptar; la lección es pensar en el destino del dinero antes de usarlo.

Paso 2: tres tarros hacia los 6–7 años (50-40-10)

Añade Donar. Con 50-40-10, la mitad va a Gastar, el 40% a Ahorrar y el 10% a Donar. Practicad el cálculo con cantidades fáciles y después dejad que el niño participe más. Puede elegir una meta y una causa concreta para cada tarro. La regla de «primero aparta lo que quieres reservar» se vuelve visible. No hace falta que domine porcentajes: podéis empezar contando monedas o dividiendo dibujos y comprobar juntos que las tres partes suman la paga.

Paso 3: categorías hacia los 9–10 años

Dentro de Gastar, introduce categorías concretas: meriendas, juguetes, libros o regalos. Usa un ejemplo de 10 EUR al mes y pide que decida cuánto reservar para cada una antes de comprar. Si se termina la partida de meriendas a mitad de mes, comparad opciones: esperar, mover una cantidad de otra categoría o cambiar el plan del mes siguiente. No hay una distribución perfecta. La práctica consiste en reconocer que usar más para una cosa deja menos para otra y mantener un registro comprensible.

Paso 4: hacerse cargo de una categoría hacia los 11–13 años

Acuerda una categoría pequeña y recurrente que pueda gestionar: por ejemplo, un servicio opcional de 10 EUR o una aportación de 20 EUR–30 al mes al móvil. Dale una cantidad que cubra lo pactado y revisad juntos la fecha de pago. Si usa ese dinero para otra cosa, hablad de la consecuencia acordada y de cómo recuperar el plan. No pongas a su cargo necesidades esenciales ni cambies las condiciones después. La práctica consiste en reservar dinero para una obligación futura, no solo en elegir compras del día.

Paso 5: presupuesto para el primer sueldo, hacia los 14–16 años

Cuando llegue un primer sueldo, revisad la nómina y la diferencia entre bruto y neto. Después distribuid lo que realmente recibe. Como ejemplo, podéis comparar un 50% para metas a largo plazo, un 30% para gastos y un 20% para reserva y donaciones. No son porcentajes obligatorios. Anotad también los costes que se repiten y el día del próximo ingreso. Las cuentas de inversión, como Roth IRA en Estados Unidos, tienen requisitos propios; un presupuesto sirve incluso sin contratar ninguna.

Cuatro herramientas según la etapa

5–7 años: Tarros físicos y monedas para contar juntos.

8–10 años: Una aplicación de paga y tareas o una ficha impresa puede ayudar a registrar movimientos. El efectivo del tarro Gastar sigue mostrando de forma concreta lo que queda después de una compra.

11–13 años: Un registro por categorías y, si encaja en la familia, una cuenta para menores con condiciones y controles adecuados a su edad.

14–17 años: Una hoja de cálculo o una herramienta de presupuesto, como YNAB o Monarch si resulta adecuada, para revisar ingresos y gastos reales. No hace falta empezar con todas las funciones.

Un problema frecuente al practicar el presupuesto

Si el adulto repone cada cantidad gastada, el presupuesto deja de poner límites. Cuando se termine la partida de pequeños gustos, revisad qué pasó y cómo llegar al siguiente ingreso sin ampliarla automáticamente. Al mismo tiempo, la comida y otras necesidades básicas siguen siendo responsabilidad de los adultos. Distingue una merienda opcional de una necesidad, mantén un tono tranquilo y aprovecha el momento para revisar categorías. Aprender no exige dejar al niño sin atención ni garantizar que nunca volverá a equivocarse.

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